Harvey Pekar

Tolstói era un charlatán

La minimización del desnivel entre el hombre de a pie y el elegíaco mito, la leyenda inamovible, el jamón de en medio, ocurre. Hubo un día que Pekar era un desconocido en el mundo del cómic popular y un currela de casi cincuenta tacos que se desgañitaba como empleado de archivo en un hospital para veteranos. Hoy, a dos años de su muerte, Pekar pudo disfrutar algunos años (aunque no todos los que hubiera merecido) de las lindes del éxito, al menos a baja escala: la reivindicación del cómic underground, ver editado su American Splendor en varios idiomas y países del mundo, visitar muchos de aquellos países, ver a Paul Giamatti haciendo de él en la homónima película y haberse dado el gusto de idear historietas de costumbrismo universal que, fuera del tedio, servían como terapia autoflageladora y como herramienta para fotografiar al americano medio en manos de Robert Crumb, Alison Bechdel, Gary Dumm, Chester Brown, Joe Sacco o Val Mayerik, entre otros. Un héroe del trazo maldito que, a la postre de haberlo enterrado, ahora Gallo Nero recupera en forma de conversación confesional en una época en la que sus bolsillos parecían coladeros de monedas. Calentito estaba.

Harvey Pekar y Gary Groth tuvieron una conversación-entrevista en 1984, cuando American Splendor ya era un cómic de culto pero no vendía un ejemplar frente a la industrial maquinaria de Marvel, y cuando Pekar aun trabajaba como archivista, como si el reivindicativo underground tuviera que cobrarse un último impuesto revolucionario antes de la adoración popular y el fanatismo cuasi religioso de las hordas de trazadores posteriores. Visceral y asqueado, y si bien no tan bucólica-mente como Bukowski ni tan intenso como Warhol ni tan ermitaño como Bacon, Pekar se disgusta a gusto ante la grabadora de Groth, que parece más un benévolo freak fanático de su obra (hace comentarios puntillosos y parece el vendedor de cómics de Los Simpsons) que un entrevistador al uso. Tolstói era un charlatán no es sólo una de las frases-máximas que regala desde su verborrea y su falta de pelos en la lengua para esta mini-entrevista que sirve como recuerdo y alegato de su visión acerca de su propia obra y la ajena, sino un acto de concordia contra su propia percepción del fracaso y la victoria que una de las grandes figuras del cómic contemporáneo nos deja por testigo y, sobre todo, un acto de madurez y reflexión consigo mismo, adelantándose a su tiempo en muchas afirmaciones y hablando no sólo de las muestras majestuosas de American Splendor y de cómo era trabajar con Crumb o Mayerik, sino también acerca de sus influencias literarias, su desprecio al mundo del cómic de superhéroes, lo duro que es pelear a la contra cuando no tienes un chavo y una mente maravillosa o hacia dónde creía que iba a crecer o decrecer su obra (acertando), entre otras tantas cosas.

Hoy, Pekar lleva más de dos años enterrado y, como suele ocurrir, su legado se va desenterrando cada vez con mayor propulsión y justicia. Esta entrevista es un acto para rendir tributo no sólo al American Splendor más virginal y joven (hace casi treinta años de esto), sino también una reivindicación del Pekar creador más allá de su obra y de opinador creciente. Entretiene.

17.10.12