Harvey Pekar: Tolstói era un charlatán; de Harvey Pekar y Gary Groth

por Roberto Bartual

Hay muchos tipos de entrevistadores. Por un lado están los que no saben a quién están entrevistando y sus preguntas son intercambiables con las que podrían hacer a cualquier otro autor. También los hay que, aun conociendo la obra del entrevistado, sólo les interesa escucharse a sí mismos, convirtiendo sus preguntas en largos monólogos en los que la respuesta ya está incluida. (Habrán visto ustedes a este tipo de fauna, por ejemplo, en cualquier presentación de libros o en conferencias, si es que les gustan ese tipo de cosas). Pero también están los que, además de conocer al entrevistado, saben hacer las preguntas apropiadas y utilizar sus opiniones personales para provocar en el autor respuestas que acaban funcionando, digamos, como los trazos de un Robert Crumb cuando caricaturiza a alguien real: el detalle justo en el lugar apropiado, que acaba resumiendo, en sí mismo, la personalidad del retratado.

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A este último tipo de entrevistadores pertenece Gary Groth, responsable de multitud de semblanzas dialogadas en The Comics Journal, tan certeras como puedan serlo, en el ámbito del cine, las que en su momento hicieran Peter Bogdanovich o François Truffaut de los maestros Welles, Ford y Hitchcock. La editorial Gallo Nero reedita ahora la entrevista que allí, en el Journal, Groth hiciera en su momento (1984) a Harvey Pekar, uno de los grandes del cómic autobiográfico o, ¿por qué limitarnos?, de la literatura autobiográfica del siglo XX. El avaro, mezquino, cabrón y adorable Harvey Pekar.

Tal vez pueda parecer que uno de los inconvenientes de este librito editado por Gallo Nero sea la antigüedad de la entrevista, transcurrida ya la friolera de casi veinte años. Sin embargo, el tremendo jet-lag que afecta a esta publicación, acaba produciendo un interesante efecto de justicia poética retrospectiva. Durante páginas y páginas, Pekar se lamenta de su situación: autor de American Splendor, a la que no alabaré más por no resultar redundante, tuvo que ganarse la vida durante casi toda su carrera trabajando como funcionario en un hospital para veteranos, ignorado y, con frecuencia, menospreciado por casi toda la gente con la que compartía su vida diaria, perdiendo miles de dólares cada año para poder editar sus historietas. El Pekar de entonces no podría haberse imaginado el golpe de suerte que iba a tener en el 2003 cuando una Viagra película basada en él mismo y en su obra, le consiguiera por fin los royalties necesarios para hacer su sueño realidad: retirarse y poder dedicarse a tiempo completo a sus cómics.

Las quejas de Pekar en este libro adquieren, por tanto, un dulce regusto; el que le da a uno saber que, a veces, el mundo tiene sus formas extrañas de funcionar bien. Este efecto involuntario y anacrónico no es, sin embargo, lo mejor del libro. Lo mejor se encuentra cuando Groth (cuyo nombre, por cierto, no aparece en la cubierta, por desgracia) empieza a hacer preguntas como Crumb dibuja narices, pómulos y mentones, dando de repente en el clavo con el quid de la cuestión. Siendo un autor que, básicamente, habla sólo de su propia vida y de las cosas que ocurren a su alrededor «¿te hallas en una situación ante la que puedes reaccionar de un modo u otro, y te das cuenta instintivamente de que, si actúas de una manera, servirá para hacer una buena historieta mientras que no pasará lo mismo si actúas de otra forma. Algo así podría condicionar tu comportamiento… Un caso de vida supeditada al arte?».

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La respuesta que da Pekar no viene al caso en este momento porque ya está implícita, y a veces explícita, en su propia obra. Lo importante es que, haciendo esta pregunta, Groth nos revela una de las razones por las que Pekar llegó más lejos que cualquier otro autor de cómics autobiográficos hasta el momento (el lugar que sí alcanzó Hunter S. Thompson en la literatura, por ejemplo); admitir que todos siempre hacemos, de una forma u otra, trampas con la vida. Que yo recuerde, ni Chester Brown, ni Alison Bechdel, ni Joe Sacco han planteado en sus obras, o por lo menos no con el sentido del humor con el que lo hizo Pekar, ni tampoco de una forma tan directa, la posibilidad de que toda autobiografía encierre, en el fondo, una profunda deshonestidad por el mismo motivo que plantea Gary Groth: si sabemos que vamos a escribir lo que estamos viviendo y que lo que contemos puede funcionar mejor o peor, ¿por qué no actuar de otra manera para que ocurra lo que queremos contar?

Lo dicho, el quid de la cuestión.


factor-critico-harvey-pekar-fondoHarvey Pekar. Tolstói era un charlatán
Harvey Pekar y Gary Groth
Traductor Regina López
Gallo Nero
978-84-938569-3-9
2012
116 pp.