El despertar del Gonzo
EL ÁNGEL EXTERMINADOR • 18 JULIO 2013 – 2:42AM — CARLOS VELÁZQUEZ
Hunter S. Thompson es el rey del periodismo gonzo y, a pesar de los rigores de la muerte, nos apunta con su arma de grueso calibre. Evoquémoslo desde sus libros, que han resucitado.

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Foto: Guadalupe Rosas
México • Todavía no se cumplen diez años del suicidio del llanero solitario del periodismo (que encontró en Óscar Zeta Acosta a su Toro), del complejo monumento a la mala conducta, aficionado a las armas y creador de broncas profesional, Dr. Hunter S. Thompson, y ya ha comenzado la revaloración de su figura. Cuatro obras, tres hasta ahora inéditas en español, ajustan cuentas con sus fans.

El último dinosaurio (Gallo Nero, 2013)

Gonzo en estado puro. Como Chus Neira advierte en el prólogo, esta recopilación de entrevistas, que va de 1966 hasta 2005, debería sumarse al corpus de su obra. Con un vandalismo comparable al de Buck Mulligan en el primer capítulo de Ulises, Hunter S. Thompson hace lo que mejor sabe, claro, después de drogarse y escribir: expresarse. Y lo realiza como si todo el tiempo tuviera el dedo en el gatillo. O una línea de coca en la mano. A lo largo de los dieciocho textos que conforman este libro, destila la suma de sus opiniones con relación a los temas que consigue dominar a pesar de la inverosímil cantidad de sustancias que se ha metido antes y mientras contesta las preguntas: las drogas (la coca es más importante ofrecerla que consumirla; el ácido es el rey de las sustancias psicodélicas); la política y el oficio de escritor. Thompson jamás hizo lo que Norman Mailer en Un arte espectral, un manual para el aspirante a novelista, pero El último dinosaurio puede ser tomado como la guía para el prospecto a periodista. Pese a que su comportamiento revelaba cierta vocación a la autodestrucción, la mente del Dr. Thompson se mantuvo lúcida hasta el final. Y este documento lo comprueba.

El escritor Gonzo. Cartas de aprendizaje y madurez (Anagrama, 2012)

El género epistolar es la expresión más maricona dentro de la literatura. Cuando se sucede entre hombres. Y cuando es entre una pareja, como en el caso de Henry Miller y Anaïs Nin, material para incitar a los adolescentes a la masturbación. Pero si se trata de las cartas que escribió Hunter Thompson entre 1955 y 1976, Estados Unidos no va a llorar como con la correspondencia entre Ginsberg y Kerouac, aunque sí encontraremos los orígenes del Nuevo Periodismo y el Periodismo Gonzo. Cartas dirigidas a Nelson Algren, a Ginsberg, Joan Baez, Tom Wolfe o Ken Kesey. Mientras uno emprende la lectura de este fascinante volumen puede imaginar a un Thompson perennemente anciano, cascarrabias, que despotrica, maldice y destila veneno. Existe aquí polvora suficiente para hacer volar varios puentes. Si la redacción de estas cartas convirtieron a Thompson en escritor, todos deberíamos empezar a mandar misivas indiscriminadamente. Y a capturar El Gran Gatsby también. Para obtener el verdadero entrenamiento gonzo. El escritor gonzo es una lectura indispensable.

Gonzo. La historia gráfica fe Hunter S. Thompson (451 Editores, 2012)

Pese que solo publicó una novela en sus años dorados, Miedo y asco en Las Vegas, Hunter Thompson era un autor prolífico. Pero eso es algo que nunca se detalla a la hora de contar su historia. Y de eso se queja en el prólogo Alan Rinzler, uno de los editores del creador de Raoul Duke, con la siguiente pregunta: “¿Por qué nadie se toma en serio a Hunter S. Thompson?”. Y la misma molestia siento yo en relación con esta novela gráfica, no tanto con los dibujos de Anthony Hope-Smith como con el guión de Will Bingley. Cuántas veces más vamos a desaprovechar la oportunidad de reivindicar su estatura. Existe este cómic gracias a la fama de Thompson, pero ese reconocimiento no es gratuito. Su reputación está fundada. Si bien esto no es propiamente una biografía, no había necesidad de apelar tanto al lugar común. Ubica a Thompson en el centro de los grandes acontecimientos de su época, sí, pero comete el mismo error de aquellos que se aproximan a su leyenda, los reflectores sobre su persona opacan la relevancia de su obra. Lo que revela que éste no es un proyecto de un dibujante de cómics, sino un trabajo por encargo.

La gran caza del tiburón (Anagrama, 2012, Reimpresión)

Esta aglutinación de reportajes se publicó en 1981. Y jamás se reimprimió. Entonces el libro se convirtió, para aquellos que no leen en inglés, en un objeto de culto. Inconseguible, codiciado, veneradísimo. Treintaiún años después sale de la imprenta otra vez. Tres décadas tuvieron que transcurrir para que cayera de nuevo en nuestras asquerosas garras. Esta antología cuenta con cinco textos fundamentales de la producción thompsoniana. Dos de ellos imprescindibles para conocer la génesis de su obra más portentosa: “Introducción a Miedo y asco en Las Vegas: un viaje salvaje al corazón del sueño americano” y “Algo está fraguándose en Aztlán”. El primero es un texto que solo ha sido publicado en este volumen (el título nos dice todo), y el segundo nos permite enterarnos cómo conoció Thompson a Óscar Zeta Acosta. Lo que más tarde lo llevaría a convertirlo en uno de sus personajes. La vigencia de La gran caza del tiburón es apabullante. Tal vez Thomspon no supo envejecer como persona, pero su obra sí ha conseguido encajar el paso del tiempo.