lunes, 7 de mayo de 2012

Testimonio en Chicago

 

Allen Ginsberg
Testimonio en Chicago (Gallo Nero, 2012)
Prólogo de Fernanda Pivano

A veces es necesario dar dos pasos hacia atrás para tener la posibilidad de dar uno hacia adelante. O, visto de otro modo, en ocasiones es importante echar la vista hacia el pasado para poder centrar nuestro foco en las intenciones de futuro. En el mundo actual, que parece haber llegado a un punto insostenible de tensiones económicas y sociales, no tenemos tiempo (ni nos es suministrada esa información por los medios de comunicación) para analizar el pasado y poder observar que no mucho tiempo atrás la sociedad parecía sufrir los mismos males que hoy padecemos.
Los últimos años de la década de los 60 del siglo XX fueron un continuo conflicto social relacionado con las guerras (estaba muy presente la de Vietnam), con la economía que nos llevaba al desastre medioambiental y con la estructura social, que tuvo sus exponentes máximos en el Mayo del 68 francés y en los movimientos hippies y pacifistas de Estados Unidos.
En ese contexto, el 25 de agosto de 1968 se reunieron en el Lincoln Park de Chicago alrededor de 5.000 personas entre anarquistas, hippies, pacifistas, comunistas, radicales y militantes negros a fin de celebrar el Festival de la Vida, que no tenía más objeto que el de «imprimir creatividad a las manifestaciones de protesta y congregar a las masas… para ofrecer un ejemplo de estilo de vida alternativo, del renacimiento de la juventud y, como se decía por entonces con cierta esperanza aún, de la cultura underground».
Precisamente, hicieron coincidir aquella manifestación de lo que hoy diríamos Otro mundo es posible con la convención del Partido Demócrata que tuvo lugar en Chicago, precisamente, entre el 25 y el 29 de agosto de 1968. Ya desde el mismo 19 de agosto, cuando se instalaron los primeros manifestantes en el parque Lincoln, se hicieron presentes las desorbitadas fuerzas de seguridad que habían preparado para defender la convención y reprimir la manifestación, desde el cuerpo de Bomberos hasta el Servicio Secreto: 6.000 soldados del ejército, pertrechados hasta con lanzallamas y bazucas, 6.000 soldados de la guardia nacional, 12.000 agentes de policía, 170 detectives y más de 500 del Servicio Secreto, además de los agentes de la brigada de narcóticos que trabajaron día y noche para impedir cualquier atisbo de manifestación.
Con ese panorama, claro, el enfrentamiento no podía remediarse y la violencia comenzó, según atestiguó un informe oficial, por parte de las fuerzas del orden, que atacaron violentamente a los allí acampados. Entre ellos había personalidades literarias e intelectuales como Norman Mailer (1923-2007), William Burroughs (1914-1997), Jean Genet (1910-1986), que había acudido directamente desde Francia, o Allen Ginsberg (1928-1997).
Tras los enfrentamientos, llegaron los juicios a distintos encausados y ante los jueces pasó como testigo el propio Ginsberg, que hizo lo posible por explicar los argumentos que les habían llevado a reunirse en aquel parque, además de dar muestra ante el tribunal de su ironía, de sus convicciones y hasta de su poesía y sus estudios sobre las culturas orientales. En 1970, las actas de aquel testimonio fueron transcritas por Jason Epstein, escritor, periodista, editor y cofundador de The New York Review of Books. Precisamente esa transcripción es la que reproduce este libro, Testimonio en Chicago, que cuenta con la larga y muy descriptiva nota introductoria de Fernanda Pivano.
Son argumentos que hoy pueden sonarnos a esos movimientos que han surgido en los países árabes, o en España, el Movimiento 15M, o los ecologistas que reiteran hasta la saciedad para que cale en la sociedad lo de que no podemos seguir con un consumo continuado eternamente… Argumentos que un día fueron actuales y que hoy lo son a fin de que puedan soucionarse los problemas más básicos de nuestra sociedad… y no solo de nuestra economía.
Puedes ver un vídeo con Allen Ginsberg cantando durante una manifestación junto al lago Michigan, previo a la Convención Demócrata de Chicago de 1968, pinchando aquí.

Javier Herrero