Durante el fin de semana, para olvidarme del ensayo académico que estoy escribiendo, leo la prensa y leo sobre la prensa: concretamente, a Joseph Pulitzer. No está de más volver sobre sus palabras.

Ahora, la editorial Gallo Nero ha publicado el texto fundacional que dedicara a la Escuela de periodismo de la Universidad de Columbia (1904). Es un librito imprescindible: Sobre el periodismo.

Las ideas de Pulitzer siguen siendo atendibles: la defensa de la ética profesional, de la deontología del periodista frente al puro comercialismo, de la honradez y de la moralidad civil frente al engaño. Todo eso aún forma parte de nuestro mundo.

Pulitzer fue el principal oponente de William Randolph Hearst, y como él contribuyó a fundar y a desarrollar el periodismo amarillo. Al final de sus días y después de muerto se redimió, si podemos decirlo así. Sus reflexiones, recogidas en este volumen, y las donaciones económicas para la Escuela de Periodismo y para la dotación de su Premio son su legado.

Lo mejor es la crítica que hace de la demagogia: en la política y en la prensa. El deterioro que ese fenómeno provoca en la moral colectiva es insondable, profundísimo, dice Pulitzer: una opinión pública jaleada por periodistas inescrupulosos y por políticos corruptos abre una brecha social y descompone. Pero hay más. Una prensa que refuerce el prejuicio y los estereotipos de la gente corriente no hará servicio alguno: agravará el estado de cosas. Por eso, dice Pulitzer, “a veces, uno de los deberes más importantes de la prensa es oponerse a la opinión pública”. Y añade citando literalmente a James Bryce:

“Las democracias siempre tendrán demagogos preparados para alimentar su vanidad, agitar las pasiones y exagerar el sentir del momento. Lo que se necesita son hombres que naden contra la corriente, les hagan ver sus errores y se apresuren a crear argumentos que resulten aún más contundentes a causa de no ser bien recibidos”.

Acabo de transcribir ese párrafo. Vuelvo a mi ensayo académico. Aún no he completado la lectura dominical de la prensa. Un sentimiento ambivalente y una emoción algo melancólica se han apoderado de mí.

Cosas del fin de semana. Sin duda.