Las obsesiones y locuras de Robert Crumb, en cinco entrevistas
PABLO MARTÍNEZ PITA / MADRID
Día 16/06/2014 – 01.29h
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Cómics

El libro «R. Crumb. Entrevistas y cómics» retrata con todo lujo de detalles al icono del cómic «underground»

Robert Crumb y su hija Sophie, en 2010
Puede que una de las características comunes a los artistas, en cualquiera de sus variantes, sea la capacidad de observar la sociedad desde una perspectiva lejana, tomando de esa forma conciencia de los hilos que mueven los deseos y comportamientos del género humano. Robert Crumb va más allá: contempla a sus semejantes como si él hubiera caído de Marte y no tuviera nada que ver esos extraños seres llamados terrestres.

Las obsesiones y locuras de Robert Crumb, en cinco entrevistas
Lo políticamente correcto está a años luz de su pensamiento. ¿Es racista? Sí, pero encuentra múltiples defectos en todas las razas: judía, blanca, negra…. ¿Es misógino? Sí, pero odia todavía más a los hombres que a las mujeres. ¿Critica ferozmente el modus vivendi y la política de su país, Estados Unidos? Sí, pero también se ríe de forma implacable de Europa, donde fijó su residencia (concretamente en París) desde mediados de los 80. ¿Es un radical de izquierdas? Sí, pero nada le pone más enfermo que los radicales de izquierdas… Así hasta el infinito.

Esto es al menos lo que refleja en el libro «R. Crumb. Entrevistas y cómics», publicado recientemente por Gallo Nero. Se trata de cinco largas entrevistas que el dibujante concedió a «The Comics Journal» entre 1984 y 1995, y que incluye también varias muestras de historietas a las que, por lo general, hace referencia en los textos.

No hay asunto ni pregunta que eluda este icono del cómic underground. No tiene reparo en contar sus experiencias con el LSD, sus peculiares y extremas ideas políticas, sus problemas con la Hacienda estadounidense, su lucha por cobrar los derechos de autor de su serie «Keep on truckin’» (de la que se hizo todo tipo de merchandising a sus espaldas), la sórdida historia de su familia (madre adicta a las anfetaminas, un hermano con serios problemas psiquiátricos, una infancia de inadaptado), su proverbial aversión a la música pop y rock (en especial a Bruce Springsteen), y, cómo no, sus tribulaciones con las mujeres y sus obsesiones sexuales, las mismas que le han inspirado tantas y tantas viñetas.

En definitiva, sinceridad abrumadora. Habla de la misma manera que trabaja en sus cómics: sin cortapisas entre el subconsciente y lo que expresa. De esa forma presenta, al igual que en sus viñetas, una realidad tan cruda que parece deforme, grotesca, y con la que se ríe de todo y de todos, empezando por él mismo. Es un tipo que se considera un outsider, salvado de la marginación por el gran éxito obtenido con su trabajo. No tiene reparos en reconocer que, enclenque como es, sus conquistas amatorias proceden únicamente de este reconocimiento profesional.

Así, su autorretrato parece, como todo lo que toca, una caricatura. Llega a reconocer que de niño sentía atracción sexual por… ¡Bugs Bunny! Aunque también nos explica cómo ha sido su carrera, desde sus primeros pinitos durante la infancia hasta el momento de las conversaciones, pasando por su etapa vendiendo por las calles de San Francisco, en medio de la explosión del movimiento hippie, el legendario fanzine «Zap Comix».Asimismo explica la evolución de su estilo, sus técnicas de dibujo… y el amor incondicional que siente por su hija Sophie, por aquel entonces una adolescente.