29 de octubre de 2012 | Autor:

Sonny es un adolescente que juega al fútbol americano en el equipo del instituto, trabaja como repartidor de butano, sale con una chica llamada Charlene Duggs a la que no quiere y se aloja en una pensión junto con su amigo del alma Duane. Desde que su madre murió en un accidente de tráfico apenas mantiene relación con su padre. A pesar de su juventud se ha independizado. El problema es que en un pueblo tan pequeño como Thalia, que subsiste con las refinerías de petróleo, ofrece pocas posibilidades de diversión para un joven.

Thalia, es el vivo retrato de la América profunda de los años 50 cuya vida se limitaba al trabajo, el viejo cine, el salón de billar y el café del pueblo donde los sueños estaban relegados al olvido. El sexo constituía un tabú y para algunos jóvenes del pueblo, los partidos de fútbol, las juergas nocturnas y las películas que proyectaban en el cine constituían su única válvula de escape para combatir  la monotonía que puebla las calles del pueblo.

La última película de Larry Mcmurtry es una novela de personajes. El más fascinante es el de la señora Ruth Popper, la esposa del entrenador de fútbol del instituto. Una mujer encerrada en su casa, olvidada por su marido y cuya mayor frustración es que su esposo no quiere tener hijos porque suponen un gasto que no se pueden permitir. Es desgarradora la sensación de soledad y abatimiento que desprende. Larry Mcmurtry refleja de forma impecable los problemas de incomunicación de las parejas. Esa soledad la llevará a refugiarse en los brazos de Sonny, lo que supondrá un redescubrimiento del despertar sexual.

Jacy es una niña rica cuyos padres son los propietarios de la mayor refinería de petróleo. Mantiene una relación con Duane, que trabaja en el turno de noche con una cuadrilla de perforadores en la refinería del padre de Jacy. Aunque están enamorados, pronto el dinero y el mundo diferente del que proceden, supondrá un obstáculo insalvable para ambos. Además, ella es un joven que no sabe lo que quiere, lo único que le interesa es captar la atención y que todos los chicos se fijen en ella como si fuese una estrella del celuloide.

Inolvidables los personajes de Sam el León, Billy o Lois.

Una prosa ágil, amena, nos descubre a diferentes personajes que nos muestran sus preocupaciones, miedos, temores e inquietudes. Es un retrato urbano y se parece a uno de esos cuadros de Edward Hopper, donde se plasma el silencio y el vacío. Eso es La última película un lugar enclavado en ninguna parte donde los jóvenes se sienten aburridos e insatisfechos con la vida que llevan y la que los espera, sin sueños ni metas. Una novela perfecta y redonda en todos los sentidos que nos desvela a toda una generación de jóvenes. La última película es un relato emotivo acerca del amor, el sexo y el poder de la amistad. Es una de esas historias que dejan huella, nos hace replantearnos la existencia y se devora de una sentada.

La última película significa reencontrarse con la buena literatura y asistir a un relato imborrable que nos plasma el transcurso de la adolescencia a la madurez, en una sociedad reprimida, hipócrita y con prejuicios en la Norteamérica de los años 50. La última película es pasión, sentimiento, ternura, pero también es soledad, locura, sexo y amor desesperado y no correspondido. Un libro muy recomendable. Es una grata noticia que, por fin, se haya editado en castellano, gracias a Gallo Nero.