Joyce en París o el arte de vender el Ulises
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Prólogo de S. de Beauvoir. Traducción de Regina López. Gallo Nero Ediciones, 2013. 118 páginas, 18 euros.

LUIS ANTONIO DE VILLENA | 10/01/2014 | Edición impresa

Joyce y la editora del Ulises en la librería Shakespeare and Company, en 1922

Además de un libro plural y atractivo este Joyce en París es una bella edición, con las fotos que la luego célebre Gisèle Freund hizo a James Joyce (no sin dificultades) en 1938 y en París. El prólogo de Beauvoir que se señala en portada es el que la existencialista hizo al librito del expatriado norteamericano V. B. Carleton, James Joyce en París: sus últimos años publicado en 1965. Este documento (hasta ahora inédito en español) no sólo es de amena lectura sino que relata de primera mano la estancia de Joyce -enfermo, huraño- en la ciudad entre la primavera de 1938 y la de 1940, cuando, en el extremo de sus fuerzas, se refugia en la Francia de Vichy (Saint-Gérand -le- Puy) antes de tener los visados para pasar a Suiza (a Zúrich) como hizo durante la primera guerra mundial, y donde esta vez moriría el 11 de enero de 1941, tras una operación que trataba tardíamente de curar una perforación de úlcera. Son los años en que el geniudo y genial Joyce, que se debate entre la incomprensión y el estatuto de clásico vivo, ultima Finnegans Wake entre sus agudos problemas oculares y la tristeza de saber interna en un psiquiátrico a su hija Lucía. En ese tiempo volvió a ver a sus amigas Sylvia Beach y Adrienne Monnier -las iniciales editoras de Ulises- pero sobre todo trató con los Jolas y con Paul y Lucie Léon que eran quienes le animaban y ayudaban con Finnegans Wake alguno de cuyos difíciles capítulos habían aparecido en la revista “transition” (sic). Enfermo, a veces deprimido y a menudo hosco, fue un triunfo que posara para Freund en unas fotos hasta atildadas, no sin las recomendaciones de Beach. Ulises seguía su curso glorioso, Nora seguía siendo la buena esposa servicial y callada, y Joyce continuaba recibiendo apoyos y ataques. “Joyce era muy excitable, orgulloso y atormentado, y sus amigos tendían a ser tan difíciles y sensibles como él”. Eliot y Larbaud lo admiraban. También Auden aunque decía que debía considerárselo “como un gran poeta”. Bernard Shaw hablaba de “completo delirio” y Wells (que lo admiraba) le escribió diciéndole, tras leer algo de Finnegans Wake “yo ya no puedo seguir su bandera”. Se nos muestra el tiempo rico y agónico de un hombre singular que en 1938 tenía sólo cincuenta y seis años…

Tras el interregno de las fotos de Freund y el texto donde narra (brevemente) la peripecia de cómo las hizo, llegamos al último texto del libro, el más largo e interesante fuera del anecdotario, “Cómo disfrutar la gran novela de James Joyce, Ulises” texto de Catherine Turner publicado en la Universidad de Massachussets en 2003. Este ensayo explica con pormenores y fino análisis cómo el Ulises pasó de ser un libro prohibido en Inglaterra y en Estados Unidos por “inmoral” a convertirse en un gran clásico -lo iba siendo ya durante la prohibición- cuando se publica legalmente por vez primera en países anglosajones en 1934. Ulises se había publicado por vez primera y por entregas en la Little Review entre 1918 y 1920. Entonces vino el juicio por “inmoralidad” y la condena al libro y a la revista. Después un tiempo largo que incluyó ediciones piratas y ejemplares de la edición parisina (1922) pasados de contrabando -si la policía los hallaba los quemaba- hasta que la polémica sobre el libro (inmoral y aburrido o profundo y moderno) fue incrementando su fama, lo que aprovecharon con sagacidad los futuros editores, que eran los de Radom House, con excelentes campañas publicitarias. Si se decía que la novela era rara y para pocos, ellos asentían. ¿Quién no soñaría con ser parte de la élite? Pero también se decía que la novela era más fácil, que podía ser más que entretenida y que si tenía algo de rompecabezas sería un placer resolverlo. Con tantas técnicas de márketing tan varias y aún contradictorias (Joyce se negó a entrar en el juego) consiguieron que Ulises fuea un best seller. El genial publicista Cerf advertía que muchos grandes libros se compran y no se leen. Gran trabajo.