Rimbaud y Pratt en Abisinia
Por: Guillermo Altares  06/02/2012

Rimbaud abandonó la poesía con poco más de 20 años, pero siguió escribiendo cartas a lo largo de toda su vida. Esas misivas han sido minuciosamente analizadas por sus biógrafos y críticos, como cualquier otro material que permita reconstruir la vida de aquel precoz muchacho de Charleville que acabó dedicándose a montar caravanas en el Cuerno de África. Como ocurre con Shakespeare, los cazadores de pistas de Rimbaud son capaces de dedicar años a encontrar una redacción escolar en latín perdida. A diferencia de su poesía, las cartas no son ni brillantes ni enigmáticas, pero, sobre todo las africanas, son una lectura apasionante, una especie de novela de aventuras por entregas relatada por un héroe derrotado y huidizo. Ese personaje, el aventurero que fleta caravanas de armas (algunas de sus misivas contienen las cuentas de aquellas expediciones en las que transportaba por ejemplo 1.750 fusiles y 14 fusiles para elefantes) tenía que cruzarse alguna vez conHugo Pratt. El resultado lo editó recientemente en España Gallo Nero: un volumen que reúne dibujos del creador de Corto Maltés con una selección de cartas africanas.

“Arthur Rimbaud nunca dejó de escribir, ni tras expediciones agotadoras ni siquiera tras la amputación de su pierna. Desde su lecho de muerte compuso epístolas desgarradoras, añorando la vida errante de sus últimos diez años”, escribía en, que entonces era una colonia italiana llamada Abisinia. En Las etiópicas, uno de los mejores álbumes de Corto Maltés, el marino veneciano atraviesa el Cuerno de África durante la I Guerra Mundial, que entonces se disputaban turcos, ingleses, italianos y alemanes. Es un tebeo violento, a veces brutal, que recrea el mundo del desierto, que Rimbaud conoció muy bien sólo unos años antes, a finales del siglo XIX. Sus dos ciudades fueron Adén, ciudad portuaria bajo administración británica en la costa del mar rojo (actual Yemen) y, sobre todo, Harar, en la región de los gallas, actualmente en Etiopía. Dicen los que la conocen que es uno de los lugares más fascinantes del mundo: “Un reducto islámico en Etiopía. Una ciudad lejana y extraña donde vivió el poeta Rimbaud. Rodeada de murallas que aún se cierran por la noche. Y acechada por manadas de siniestras hienas que parecen haber firmado un pacto de no agresión con sus habitantes”, en palabras del gran africanista Javier Reverte. Abisinia era un país salvaje en tiempos de Rimbaud, lo seguía siendo en la época de Pratt y todavía hoy es uno los espacios más recónditos de la tierra.Las acuarelas de Pratt ilustran perfectamente las cartas de Rimbaud porque ambos conocen el desierto no como un espacio parar recorrer en un viaje, sino como un lugar en el que sobrevivir. Quizás, los dibujos del veneciano ayudan a descubrir el misterio que las cartas de Rimbaud se empeñan en esconder.

————-

Aquellos que quieran seguir leyendo cuentan con una edición completa de las cartas en Barril y Barral, con traducción de Paula Cifuentes, una versión utilizada también en este volumen. Ediciones del Viento publicó las Cartas Abisinias en una cuidada edición a cargo de Lolo Rico. Toda la obra de Rimbaud está traducida al castellano en diferentes versiones. La revista Poesía dedicada a Rimbaud y el catálogo de la exposición de la Casa Encendida y la Huerta de San Vicente, ambos coordinados por Lola Martínez de Albornoz, ofrecen un magnífico repaso por la vida y obra del poeta. Las etiópicas, y la mayoría de los tebeos de Hugo Pratt, están editados en España por Norma editorial.