/ Opinión

Cartas etíopes II

 

23/03/2012 00:00 / Ignacio Somovilla

Una de las cuatro ciudades santas del Islam, Harar ciñe su ovalado perímetro con una pequeña muralla en la que se abren siete puertas. Situado al noreste de Etiopía, hace ya tiempo que la ciudad se derramó fuera de sus muros y dejó de ser la ciudad prohibida a los occidentales que en 1854 el celebre explorador británico Sir Richard Burton penetró disfrazado de mercader árabe.

A finales del siglo XIX algunos comerciantes extranjeros -especialmente indios- empezaron a instalarse en la ciudad y a construir algunos caserones que rompieron el compacto dédalo de callejuelas y casas de sencilla geometría, lo que confirió a la arquitectura que hoy permanece un vago aspecto de casa de indiano. Balconadas de madera, galerías de coloridos cristales, porches donde entretener la canícula, pequeños jardines cerrados…confieren a estas construcciones un aire de retiro para enriquecidos emigrantes.

Aquí recaló en 1.884 el joven poeta francés Arthur Rimbaud, en la frenética huida de si mismo. Atrás dejaba su producción poética que le encumbraría como uno de los cánones de la literatura francesa; dejaba también unos años tumultuosos que le convirtieron en arquetipo de joven rebelde y enfant terrible, años en los que escapó a Londres con el poeta Paul Verlaine, formando una de las parejas más escandalosas de su época y uno de los epítomes del amour fou que, más o menos, concluyó con el disparo de Verlaine a su joven amante y su posterior encarcelamiento.

Rimbaud, a los 24 años se cansó de todo eso y se cansó de los escenarios donde se habían desarrollado sus convulsos años jóvenes.. Tras un desenfrenado vagabundeo por la geografía europea, el azar le acabó llevando a Harar. Allí desarrolló una desigual carrera como comerciante y una vida entregada a la queja. Nunca volvió a escribir una sola línea aparte de las cartas a su familia donde se lamentaba de lo mísera de su vida y maldiciendo la ciudad y sus habitantes, un tiempo que casi se podría titular como su famosa obra “Una temporada en el infierno”. La editorial Gallo Nero (www.gallonero.es) acaba de publicar bajo el título “ Arthur Rimbaud. Cartas de África”, parte de esta correspondencia, ilustradas con los dibujos que el célebre autor del Corto Maltés, Hugo Pratt.

La casa que ahora se visita como la casa Rimbaud, realmente fue construida varios años después de su muerte. Restaurada por una pléyade de instituciones francesas y mecenas particulares, llaman la atención, entre ellos, los nombres de Yves Saint Laurent y su pareja Pierre Bergé, otro buen ejemplo de amor convulso. El escritor realmente vivió en una casa cercana desaparecida tiempo antes de descubrirse los poderes taumatúrgicos que trajo la moda de peregrinaje turístico laico.