Guía completa para moverse por el existencialismo

Boris Vian trazó las coordenadas de la bohemia parisina en su Manual de Saint-Germain-des-Prés

LUIS M. ALONSO Por lo que se sabe, Boris Vian llevaba ya algún tiempo muerto cuando en 1959 su débil corazón dejó de funcionar. Estaba sentado en la butaca de una sala de cine viendo una adaptación de Escupiré sobre vuestra tumba, una de las novelas negras que firmó con el seudónimo de Vernon Sullivan, y soportó tan sólo diez minutos de metraje antes de caer fulminado. Tenía 39 años. De acuerdo con una leyenda que circula por ahí, sus últimas palabras fueron para asombrarse de que aquellos actores pudiesen encarnar americanos. Evidentemente no lo eran, ya que se trataba de una pésima producción francesa dirigida por Michel Gast (J’irai cracher sur vos tombes), pero tampoco lo simulaban. Ahora pienso que de haber tenido siete vidas como los gatos el malogrado escritor hubiera muerto otras seis veces más frente a la pantalla con aquel engendro protagonizado por Christian Marquand, en el papel de Joe Grant, y Antonella Lualdi y Renate Ewert como las Shannon. Vian, que nunca había viajado por Estados Unidos, tenía idealizada la cultura americana empezando por el jazz. En el prefacio de La espuma de los días, escribió: «Sólo hay dos cosas; el amor en todas sus dimensiones con chicas guapas y la música de Nueva Orleans o de Duke Ellington, que viene a ser lo mismo. El resto debería desaparecer, puesto que es feo». Ya que hablamos de chicas guapas, de América le gustaba casi todo lo que tenía que ver con la modernidad menos las tontitas de culos grandes.
Vian había nacido en 1920 en la puerta de una sala de maternidad que acababan de cerrar a causa de una huelga. Como él mismo contó, su madre no pudo esperar a que se resolviese el conflicto laboral y decidió traerlo al mundo. De niño se le fue pronosticado un problema cardíaco, y a partir de ese momento arrastró diversas enfermedades durante la infancia y la adolescencia. Incluso se predijo que iba a morir antes de cumplir los cuarenta. La muerte prematura se convirtió en una pieza esencial del mito: no tenía tiempo que perder. Por ese motivo, quiso vivir intensamente.
Comenzó a escuchar a Duke Ellington y se enganchó de la trompeta. En 1941, su condición cardíaca lo mantuvo fuera de la guerra y comenzó a tocar con la banda de jazz del clarinetista Claude Abadie, que pronto pasó a llamarse Orquesta Abadie-Vian. Pese a que hizo todo lo posible por evitar cualquier tipo de trabajo sometido a horarios, no pudo evitar pasar cuatro años como ingeniero civil, empleado en la división una fábrica de vidrio de la oficina de estándares franceses. Su misión allí, sin embargo, no era del todo desagradable: se trataba de dar con la botella perfecta, algo que ya le era familiar por su afición al vino. Después de la guerra, formó su propio grupo y contribuyó a transformar el club Le Tabou en uno de los puntos más calientes de París. Como escribió en Manual de Saint-Germain-des-Prés, Le Tabou se convirtió en seguida en un centro de la demencia organizada.
Aquel manual era una divertida guía del París bohemio que acabó convirtiéndose en un clásico. Los editores le habían encargado algo más convencional pero él decidió darle la vuelta y escribir una verdadera enciclopedia de bolsillo sobre el existencialismo y sus agujeros. Por él desfilan Juliette Grecco, Sartre, Simone de Beauvoir, Camus, Raymond Queneau, Genet, Jacques Prevert, Bost, Simone Signoret, Leo Ferré, decenas y decenas de personajes, pero también los lugares donde se dejaba ver la rutilante inteligencia de la rive gauche: el Quod Libet, Bouillon de la Buci, Bourbon, Les Assasins, Petit Saint-Benoît, Calvet, Tiburce, Le Montana, Club Saint Germain, el Vieux-Colombier, Le Catalan, el Tabou, y, por descontado, el Café de Flore, Deux Magots y Lipp. Todo ello en un barrio, Saint-Germain-des-Prés que vino a heredar después de la Segunda Guerra Mundial el auge que anteriormente había alcanzado Montparnasse. Desde las condiciones geográficas y del suelo, a las calles, las plazas, los garitos y la variada fauna germanopratina. Hasta unas instrucciones de uso.
Conservo por algún lugar una vieja edición del manual que Vian murió sin ver publicado. Pero no he resistido la tentación de comprar un ejemplar editado ahora por Gallo Nero, con un hermoso mapa desplegable ilustrado por Daniel Cauquil. Con su ayuda es fácil distinguir gimnasia y magnesia.