La vibrante e irónica guía que escribió Boris Vian de los ambientes exitencialistas del París de la posguerra se edita en castellano

El primer indicio de que tras la Segunda Guerra Mundial algo había cambiado en la moral, la estética y el pensamiento europeos fueron los extraños habitantes de un viejo barrio de París, a los que el músico y escritor francés Boris Vian llama los trogloditas de Saint-Germain-des-Prés.

Fue en esta zona del centro parisino, junto al Barrio Latino, donde se concentró y adquirió forma y sustancia una generación de intelectuales, músicos, escritores, jóvenes rebeldes y cantantes, todos, o casi, vestidos de negro, desaliñados –al menos en apariencia- fumadores empedernidos, desencantados de la vida, pero encantados de conocerse y de atraer –como la Torre Eiffel o el Museo del Louvre- a los turistas a sus sótanos enmohecidos donde dislocaban sus cuerpos al ritmo del jazz, quemaban sus pulmones y discutían sobre el ser y la nada.

MANUAL DE SAINT-GERMAIN-DES-PRÉS, Gallonero, 223 págs, mayo 2012, 22 euros, www.gallonero.es

Eran los existencialistas. Protagonizaban –recurriendo a un término anacrónico- la “movida” del París de la posguerra, giraban en torno a Jean-Paul Sartre y su compañera Simone de Beauvoir como los planetas en torno al sol y, además, se divertían.

La rentabilidad del fenómeno no pasó inadvertida a los editores y uno de ellos encargó al provocador Boris Vian (autor del censurado y polémico “Escupiré sobre vuestras tumba”, 1946) que hiciera una guía del barrio. No un manual al uso con la historia de sus monumentos más célebres y quién había vivido dónde, sino una guía emocional del presente: a qué locales acudían tal y tal cineasta o compositor; en qué cafés se podía uno topar con Sartre en la mesa de al lado; quiénes eran el alma del barrio y qué intrahistoria transcurría en los sótanos convertidos en “boites” y en torno a las mesas de los bistrós.

Vian hizo una guía de presentación de estos “trogloditas”, a mitad de camino entre el mapa enriquecido , el periodismo, el trabajo de documentación -¿qué decía la prensa de ellos?- y el listado de un who is who apabullante, entre el que nos hallamos a Jean Genet (“poeta homosexual y charlatán, es en el fondo el tipo más encantador del mundo”), a la pareja de Sartre y Beauvoir (“si los hosteleros de la zona tuviesen dos dedos de frente, Simone de Beauvoir y Sartre deberían consumir gratis en todos los bistrós a los que han encumbrado), a Albert Camús (“bastante conocido por cierta susceptibilidad”), a Jean Cocteau (que “se siente como en casa en ese Saint-Germain-des-Prés que odia la somnolencia mortal de los días idénticos”), a Marcel Duhamel, Alberto Giacometti, Juliette Gréco –cuyo papel en el desarrollo de las cuevas fue decisivo-, Raymond Queneau, Claude Mauriac, Tristan Tzara –inquietantemente convertido en “apacible parroquiano”- y muchos más.

Por quiebros del destino, la guía no vio la luz cuando se redactó, el encargo es de 1949, sino 30 años después, cuando Vian llevaba veinte muerto. En lugar de ser un reportaje para suscitar debate en su momento, el texto devino un mensaje en una botella lanzada al mar del tiempo, pero al descorcharla, su contenido mantiene intacto el aroma de la época en que se elaboró.

Arturo Arnalte